lunes, 13 de julio de 2009

Celebremos el día del abogado

Sergio C. Arellano Rabiela

Es menester indicar que al hablar de un abogado resulta inmediatamente la idea de señalar que es una persona que “aboga” por su cliente, para conseguir una pretensión satisfactoria a sus conflictos y dar certeza jurídica al Estado de Derecho. Asimismo, los ilustres maestros han señalado que la tradición nos señala como hombres letrados.

El abogado busca siempre la verdad y la justicia, a condición de que el ejercicio de una profunda argumentación dependa de los conocimientos que adquiera y que lo lleven a la obtención de la sabiduría y la ética.

Los abogados somos, sin pretexto y sin excusa, el ojo sensible y perspicaz, agudo y alerta de cualquier acción que implique o pueda implicar alteración del orden jurídico y no por veneración absurda a la letra de la ley, sino por respeto y lealtad a la moral del pueblo, a sus valores y a su cultura. Prueba de ello son los momentos estelares de la humanidad que han coincidido con los de la abogacía: Grecia, Roma, los puntos luminosos de la Edad Media, el Renacimiento, la Revolución Francesa y la Edad Moderna en sus más destacadas etapas.

Sin perder el constante ahínco de mantener los ideales de los grandes personajes de la historia, como sería por ejemplo durante la Reforma, esa época de oro de la vida nacional, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, entre otros mas; abogados estos, tribunos, literatos, poetas, que presididos por el Abogado Juárez, jamás confundieron las mezquindades de la mala política con la noble altivez al servicio del Derecho y de la Justicia.

Hagamos un reconocimiento público al abogado en su día, recogiendo ese gran tesoro de la tradición mexicana y envuelto en la toga venerable, entreguémoslo al pueblo como el mejor servicio a su causa.— Mérida, Yucatán.

Fuente: www.yucatan.com.mx

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