miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ante el préstamo, el silencio oficial

Cada vez más evidente
Filiberto Pinelo Sansores


Yucatán está siendo engañado por quien se siente dueña del Estado y piensa que los ciudadanos somos súbditos y no mandantes, y que por tanto estamos obligados a callar y obedecer.

Hará un enorme préstamo que ella misma se autorizó a través de sus comparsas del Congreso, pero se niega a decir de manera precisa cómo gastará los $1,870 millones con que endeudará 25 años al Estado.

Ni siquiera a quienes formalmente lo aprobaron les hizo saber para qué los quiere. Menos a la sociedad yucateca, a la que ha mantenido desinformada.

Estamos pagando las consecuencias del exceso de confianza depositado en una candidata que, apostando a la mercadotecnia y a los asesores de imagen, llegó a la gubernatura haciendo creer a los votantes que el suyo sería un gobierno de bajo costo y que emplearía todos los recursos públicos en sacar al Estado de su atraso y pobreza.

Una vez dueña del poder, Ivonne Ortega, aunque quiera esconderlo con presentaciones ante públicos de acarreados en los que baila, llora, dice dulces palabras de consuelo a los pobres y acaricia niños acompañada de estrellas de telenovelas y hasta del dueño del monopolio de la televisión, no logra disimular que su gobierno es de dos caras: una, la del rostro bonito y la mano fraterna tendida a los que menos tienen, y otra, la del enorme despilfarro en fiestas, paseos, agasajos, compra de lealtades, etcétera, en lugar de usar ese dinero para resolver los problemas del Estado.

El lado más grotesco del gobierno de doña Ivonne es el de su pleito permanente con la transparencia, sobre todo cuando de dinero se trata. Jamás ha querido rendir cuentas claras de los abundantes recursos que circulan por las venas de su insaciable administración. Una de las características de un gobierno genuinamente democrático, que nada tenga que esconder, que no se está robando el dinero de los contribuyentes ni lo está dilapidando o invirtiendo de manera ilegal, es que informe puntualmente cuánto recibe, cuánto gasta y en qué y para qué invierte, con el fin de que la opinión pública, o sea los ciudadanos que hicieron posible su llegada al poder, puedan saber si actúa bien o mal.

En el caso del gobierno de doña Ivonne, ese rasgo fundamental que distingue a un gobierno honrado de otro que no lo es no existe. Ella misma escamotea las respuestas a las preguntas que se le hacen en su condición de titular del Ejecutivo, sobre todo cuando éstas se refieren al dinero que maneja.

Veamos si no con la respuesta que dio el domingo 20 de septiembre a las preguntas que se le hicieron sobre el histórico endeudamiento que le “autorizaron” sus “sacacorchos” del Congreso local. “La mayoría de ese monto —dijo— se canalizará a la Bolsa de Valores, de ser posible, mañana lunes... a obras prioritarias en el Estado que no se consideran en el presupuesto que apruebe el Congreso de la Unión” y $500 millones, a pagar deudas.

¿A qué obras se refirió? Nadie sabe. ¿Cuánto costarán en conjunto y cuánto cada una? Menos. Las explicaciones que precisan datos que aportan elementos que permiten abrigar convicciones de que el dinero será bien invertido brillaron por su ausencia. Un gran manto de silencio cubre esta acción de endeudamiento que nadie está seguro para qué realmente servirá y a quién o a quiénes beneficiará. Lo único que está seguro es que quienes lo devolverán con todo e intereses seremos los contribuyentes, pues ningún centavo de lo que gasta un gobierno cae del cielo o sale de la bolsa de los gobernantes.

Cada día se pone más en evidencia que los yucatecos estamos siendo víctimas de una gran mentira, de un gran engaño, porque frente al hermetismo oficial que se corona con la frase de “no responderé a las críticas sobre la nueva deuda que se contratará”, expresada por la gobernadora, se puede estar prefigurando el asalto del siglo a los bolsillos de quienes pagamos impuestos para que nuestro dinero se invierta de manera productiva y no, por el contrario, vaya a servir para el enriquecimiento de unos cuantos.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

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